El proyecto de la Terminal de Gas Natural Licuado, que pretende construir la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Manzanillo, será sometido a debate público el próximo martes 19, en una reunión de información convocada por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en respuesta a una petición de ciudadanos y agrupaciones ambientalistas.
En el debate, que se realizará en un hotel del puerto, participarán representantes de la CFE y de la Universidad de Colima —instituciones responsables de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA)--, quienes recibirán cuestionamientos y dudas respecto de la obra.
Pese a que desde el 2 de marzo pasado la CFE solicitó a la Semarnat la autorización de la MIA, ahora las cosas se encuentran como al principio, ya que después de una primera reunión de información pública y de una serie de cuestionamientos de parte de la dependencia, la paraestatal decidió retirar el proyecto en julio.
Fue hasta el 8 de noviembre cuando la CFE presentó nuevamente a la Semarnat el estudio de impacto ambiental para reanudar los trámites en esta materia.
Gabriel Martínez Campos, presidente de la organización ecologista Bios Iguana, una de las agrupaciones que solicitaron la realización del foro público, dijo que ante la falta de información transparente, oportuna y objetiva del proyecto, la asociación solicitó en tiempo y forma una reunión de información, para que los promoventes respondieran preguntas y comentarios de ciudadanos, académicos y organizaciones civiles.
La información sobre el proyecto, señaló, hasta entonces sólo era conocida por el gobierno del estado y la Universidad de Colima, pero esta última “mostró una actitud incondicional al proyecto, evadiendo promover una discusión amplia, pública y transparente entre el gremio científico, la comunidad universitaria y de la sociedad colimense en general”.
Comentó que la primera reunión pública evidenció la falta de elementos técnicos de la CFE y la Universidad de Colima en torno a la Terminal de Gas Natural Licuado; y demostró cómo se hacen proyectos industriales en el estado: sin consenso social, sin suficiente evidencia científica y sin responsabilidad ambiental.
Frente a esas circunstancias, refirió Gabriel Martínez, la Semarnat consideró insuficiente la información del primer estudio de la MIA para evaluar objetivamente los efectos de la instalación industrial y la ausencia de indicadores para medir la capacidad de carga de los ecosistemas, así como de respetar la integridad funcional del sistema ecológico, por lo que “en un acto de justicia ambiental” no autorizó el proyecto original y requirió información técnica adicional para sustentarlo técnicamente.
La dependencia ambiental señaló deficiencia en el desvío de vialidades, la apertura del canal de tepalcates, el dragado para el acceso de barcos, insuficiencia de datos sobre las obras de infraestructura, ausencia de información técnico científica y de diseño de cómo se realizará la obra, así como sus efectos sobre el sistema ambiental, entre otras.
De acuerdo con Martínez Campos, otro “error lamentable” se dio en materia de regulación del suelo, pues a pesar de que la Universidad de Colima participó en la formulación del Ordenamiento Ecológico Territorial de la Subcuenca de la Laguna de Cuyutlán, donde se prohíbe la tala o desmonte de vegetación marginal de los cuerpos de agua, manglares y vegetación halofita, ahora “de manera irresponsable se pretende desconocer esa normatividad, proponiendo exactamente ahí los terrenos para la terminal de gas natural”.
Así mismo, en el estudio de impacto ambiental presentado en un primer momento, “de manera extraña y oportunista manipularon datos científicos aportados por el Campamento Tortuguero de Cuyutlán para desconocer el arribo de tortugas marinas que desovan en las playas de Campos, así como la forma como este proyecto incidirá en las poblaciones de cocodrilos y otros vertebrados que se encuentran en estatus de protección legal”, dijo el dirigente de Bios Iguana.
Para la formulación de la MIA, agregó, no se consideró la NOM 022 Semarnat, que establece las especificaciones para la preservación, conservación y restauración de humedales costeros y zonas de manglar.
“Otro aspecto importante omitido de manera conciente es la falta de estudios técnico-científicos que sustenten cómo se evitará la interrupción del flujo y desvió de agua para no poner en riesgo la dinámica e integridad del humedal costero”.
Por otra parte, señaló que nunca se presentó un plan para el manejo y destino final de las aguas residuales, por lo que “suponemos que las verterían al mar, situación que no es rara en la CFE, como en el caso de salmueras, cloros y sus concentraciones”.
Según Gabriel Martínez, un fenómeno interesante y poco conocido del proyecto es el riesgo ambiental asociado a los parámetros de radiación de alto riesgo de 25kw/m2, lo que quiere decir que la madera encendería; y por sobrepresión de 14.5 PSIA se presentaría una probabilidad de rompimiento de tímpanos del 50% en humanos; otro seria que una radiación térmica de 4 Kw/m2 causaría dolor a personas que no se cubran en 20 segundos, con la posible formación de ampollas (quemaduras de segundo grado).
“Los estudios de riesgo se limitaron a evaluar la probabilidad sin considerar las medidas de prevención y un plan de emergencia interno, la sociedad y el ambiente considerando con bases científicas, económicas, socioculturales y jurídicas las tomas de decisiones para la puesta en marcha de este proyecto de la terminal de gas”, señaló.
Es por ello que ahora se reanudaron los trámites para la evaluación del proyecto en materia ambiental, situación que será ventilada en la reunión pública de información de este martes.
proceso.com.mx
En el debate, que se realizará en un hotel del puerto, participarán representantes de la CFE y de la Universidad de Colima —instituciones responsables de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA)--, quienes recibirán cuestionamientos y dudas respecto de la obra.
Pese a que desde el 2 de marzo pasado la CFE solicitó a la Semarnat la autorización de la MIA, ahora las cosas se encuentran como al principio, ya que después de una primera reunión de información pública y de una serie de cuestionamientos de parte de la dependencia, la paraestatal decidió retirar el proyecto en julio.
Fue hasta el 8 de noviembre cuando la CFE presentó nuevamente a la Semarnat el estudio de impacto ambiental para reanudar los trámites en esta materia.
Gabriel Martínez Campos, presidente de la organización ecologista Bios Iguana, una de las agrupaciones que solicitaron la realización del foro público, dijo que ante la falta de información transparente, oportuna y objetiva del proyecto, la asociación solicitó en tiempo y forma una reunión de información, para que los promoventes respondieran preguntas y comentarios de ciudadanos, académicos y organizaciones civiles.
La información sobre el proyecto, señaló, hasta entonces sólo era conocida por el gobierno del estado y la Universidad de Colima, pero esta última “mostró una actitud incondicional al proyecto, evadiendo promover una discusión amplia, pública y transparente entre el gremio científico, la comunidad universitaria y de la sociedad colimense en general”.
Comentó que la primera reunión pública evidenció la falta de elementos técnicos de la CFE y la Universidad de Colima en torno a la Terminal de Gas Natural Licuado; y demostró cómo se hacen proyectos industriales en el estado: sin consenso social, sin suficiente evidencia científica y sin responsabilidad ambiental.
Frente a esas circunstancias, refirió Gabriel Martínez, la Semarnat consideró insuficiente la información del primer estudio de la MIA para evaluar objetivamente los efectos de la instalación industrial y la ausencia de indicadores para medir la capacidad de carga de los ecosistemas, así como de respetar la integridad funcional del sistema ecológico, por lo que “en un acto de justicia ambiental” no autorizó el proyecto original y requirió información técnica adicional para sustentarlo técnicamente.
La dependencia ambiental señaló deficiencia en el desvío de vialidades, la apertura del canal de tepalcates, el dragado para el acceso de barcos, insuficiencia de datos sobre las obras de infraestructura, ausencia de información técnico científica y de diseño de cómo se realizará la obra, así como sus efectos sobre el sistema ambiental, entre otras.
De acuerdo con Martínez Campos, otro “error lamentable” se dio en materia de regulación del suelo, pues a pesar de que la Universidad de Colima participó en la formulación del Ordenamiento Ecológico Territorial de la Subcuenca de la Laguna de Cuyutlán, donde se prohíbe la tala o desmonte de vegetación marginal de los cuerpos de agua, manglares y vegetación halofita, ahora “de manera irresponsable se pretende desconocer esa normatividad, proponiendo exactamente ahí los terrenos para la terminal de gas natural”.
Así mismo, en el estudio de impacto ambiental presentado en un primer momento, “de manera extraña y oportunista manipularon datos científicos aportados por el Campamento Tortuguero de Cuyutlán para desconocer el arribo de tortugas marinas que desovan en las playas de Campos, así como la forma como este proyecto incidirá en las poblaciones de cocodrilos y otros vertebrados que se encuentran en estatus de protección legal”, dijo el dirigente de Bios Iguana.
Para la formulación de la MIA, agregó, no se consideró la NOM 022 Semarnat, que establece las especificaciones para la preservación, conservación y restauración de humedales costeros y zonas de manglar.
“Otro aspecto importante omitido de manera conciente es la falta de estudios técnico-científicos que sustenten cómo se evitará la interrupción del flujo y desvió de agua para no poner en riesgo la dinámica e integridad del humedal costero”.
Por otra parte, señaló que nunca se presentó un plan para el manejo y destino final de las aguas residuales, por lo que “suponemos que las verterían al mar, situación que no es rara en la CFE, como en el caso de salmueras, cloros y sus concentraciones”.
Según Gabriel Martínez, un fenómeno interesante y poco conocido del proyecto es el riesgo ambiental asociado a los parámetros de radiación de alto riesgo de 25kw/m2, lo que quiere decir que la madera encendería; y por sobrepresión de 14.5 PSIA se presentaría una probabilidad de rompimiento de tímpanos del 50% en humanos; otro seria que una radiación térmica de 4 Kw/m2 causaría dolor a personas que no se cubran en 20 segundos, con la posible formación de ampollas (quemaduras de segundo grado).
“Los estudios de riesgo se limitaron a evaluar la probabilidad sin considerar las medidas de prevención y un plan de emergencia interno, la sociedad y el ambiente considerando con bases científicas, económicas, socioculturales y jurídicas las tomas de decisiones para la puesta en marcha de este proyecto de la terminal de gas”, señaló.
Es por ello que ahora se reanudaron los trámites para la evaluación del proyecto en materia ambiental, situación que será ventilada en la reunión pública de información de este martes.
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