Tras un profundo y dilatado proceso de análisis, más cercano del esperpento que del milagro, el Ministerio de Industria ha enmendando, de pleno, la plana a su tutelada Comisión Nacional de la Energía y ha dicho que allí donde ésta decía negro, en realidad tenía que decir blanco, o gris... o, casi mejor, no debía decir nada. Como recordarán ustedes, en el primer capítulo de esta interminable historia, la CNE le impuso a la eléctrica alemana E.on 19 condiciones previas, antes de concederle el 'permiso de residencia' eléctrica para morar entre nosotros. Entre ellas, le obligaba a vender el ¿32%! de la capacidad de generación que tiene su deseada Endesa. Por el contrario, el ministerio sostiene ahora que no es necesario vender nada, pues todo está en orden y en perfecta armonía. En el medio de la historia, la Comisión Europea consideró que las 19 condiciones -¿todas!- eran contrarias al Derecho comunitario; y, más tarde, Zapatero se comprometió con Merkel a encontrar un final feliz que diera satisfacción a todos.
La verdad es que, desde un punto de vista meramente formal, la última (¿) decisión del Gobierno se parece bastante al 'happy end' prometido. Lo malo es que a este río tan revuelto han llegado otros pescadores en busca de su proverbial ganancia. Y las cosas, claro, se han complicado mucho. Sobre todo, por la brusca irrupción en la escena de Acciona, que dificulta el logro del imprescindible 50% del capital social, necesario para modificar los estatutos y acomodar el poder de decisión al volumen de la participación accionarial.
El siguiente capítulo traslada la acción a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que no debería tener demasiados problemas para aprobar la propuesta alemana. Pero, vistos los antecedentes administrativos del caso, es obligado reservar cierta capacidad de sorpresa. Como ha asegurado el presidente de E.on, «la situación todavía está sin definir». ¿Cuánta razón tiene! Así que ya lo saben: esperamos la definición.
source: Correo Digital
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