ESPAÑA: Montilla, Repsol y el precio del petróleo

Con el siglo XXI, hemos entrado en un mundo económico muy distinto a aquel que conocimos en el siglo XX, en el que la seguridad del abastecimiento energético se está convirtiendo en uno de los principales problemas económicos que tendrán que resolver los principales países industrializados del mundo. Concretamente, la disponibilidad de fuentes de aprovisionamiento de petróleo se presenta como el principal reto que tendrán que afrontar las economías desarrolladas, muchas de las cuales carecen de este recurso natural. Por ello, distintos países empiezan a tomar medidas de cara a un futuro incierto pero, ¿qué hace el Gobierno español al respecto? ¿Qué planes tiene el ministro de Industria, José Montilla, para afrontar una realidad relativa al crudo muy distinta a la del siglo XX?

A principios de esta semana, el petróleo ha superado la barrera de los 73 dólares por barril, un precio muy elevado si se compara con los poco más de 9 dólares por barril en que se encontraba su cotización en septiembre de 2000, y sin perspectivas de que las cosas vayan a cambiar de forma significativa en el futuro. Y es que la demanda mundial de crudo se ha disparado como consecuencia de los niveles de desarrollo que están alcanzado los países asiáticos, esencialmente dos de ellos, China y la India, que concentran la tercera parte de la población mundial. Ante semejante incremento de la demanda, la respuesta lógica del mercado del petróleo es incrementar su precio. Asimismo, los expertos en recursos energéticos empiezan a advertir que el petróleo se acaba porque los yacimientos que se están descubriendo cuentan con menos capacidad de producción de crudo que aquellos que se están agotando, con lo que estiman que el mundo tiene petróleo para unos 80 años.

Además, la mayor parte de los grandes yacimientos conocidos de oro negro existentes en el planeta se encuentran en zonas altamente inestables desde el punto de vista geopolítico y los dirigentes de estos países, la mayor parte de ellos dictadores, están dispuestos a utilizar esta ventaja estratégica contra Occidente. Sin ir más lejos, ahí tenemos el ejemplo del venezolano Hugo Chávez que propuso en la última y reciente cumbre de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) un recorte de la producción que, de haberse llevado a cabo, hubiera encarecido todavía más el crudo y podría haber llevado a las naciones industrializadas a padecer serios problemas económicos. O el más reciente, el de Irán, que está dispuesto a desplegar una estrategia similar como arma en sus disputas con Occidente acerca de su programa nuclear, lo que ha llevado la cotización del petróleo a superar los 73 dólares por barril. Y estas amenazas no hay que tomárselas a la ligera. Baste recordar que la primera crisis del petróleo, la de noviembre de 1973, tuvo su origen en el apoyo de Occidente a Israel en la guerra del Yom Kippur y la segunda, la de 1979, en el respaldo occidental al sha de Persia, Reza Pahlevi, frente a la revolución fundamentalista islámica del ayatollah Jomeini. Así es que, por mucho que los analistas y estrategas occidentales consideren ahora que las amenazas de Irán tienen mucho de farol porque el país tiene una gran dependencia de los ingresos de las exportaciones de petróleo, las cosas hay que verlas desde la mentalidad y la perspectiva iraní y no tomárselas, ni mucho menos, a la ligera.

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