La nuclear, rectificación que se impone


by José Javaloyes

Los problemas energéticos y medioambientales, los de la seguridad económica y la incertidumbre política, vienen enlazados como las cerezas. Igual que las soluciones demandadas por ellos. Aquellos que en concreto se derivan del cambio climático, por la entrada en un ciclo nuevo, y que agravan los procesos de contaminación atmosférica, atraen la atención de la opinión pública más y más a cada día que pasa, lo que agrava el efecto de las confusiones imperantes en la materia. El polémico Protocolo de Kyoto ha traído, sin embargo, el mérito de cuantificar los términos conjuntos del problema energético y la cuestión medioambiental. El gran debate del Siglo XXI.

Acaso sea lo más notorio de este debate y de la polémica generada por el ecologismo, ese cierre del círculo dialéctico en que el ecologismo ha quedado preso, desde el momento en que la Agencia Internacional de la Energía (AIE), pone las cosas en su sitio y pasa, de las descripciones del problema eco-energético, a la toma de posición en el plano de la solución económica y energética que ese problema demanda. La AIE urge a la construcción de nuevas plantas nucleares. Sin éstas será imposible en la práctica, al menos para naciones como España, el cumplimiento del Protocolo de Kyoto.

Resulta que si la objeción central que el ecologismo militante esgrimía contra estas centrales térmicas era la defensa del medio ambiente, desde la Agencia Internacional de la Energía se asegura que la energía de fisión es el recurso que se necesita, precisamente, para la cumplida y suficiente defensa del medio, siempre que venga complementada con el despliegue de las energías renovables y la racionalización de los consumos, orquestado todo con el criterio de ahorro y lucha contra el despilfarro.

La receta de la AIE viene urgida por el encarecimiento de los hidrocarburos, la necesidad de no agravar las consecuencias del cambio climático —que en si mismo, por su naturaleza cíclica, dentro de los periodos interglaciares, es una variable independiente del comportamiento humano, como demuestra el hecho de que los calores medievales que fundieron los hielos de Groenlandia y elevaron el nivel de los mares, no fueron ocasionados por ninguna contaminación—.

Y a ello se añade, como puntualísima razón, la inseguridad que rodea el abastecimiento mundial de los combustibles fósiles, bien porque se trata de oligopolios gobernados desde la autocracia, como es el caso del gas de Rusia; o desde la inestabilidad, como la Argelia internamente acosada por el fundamentalismo islámico; o, finalmente, para el petróleo, desde el conflicto crónico y abierto del Oriente Medio, con el problema árabe-israelí y con el desafío de la República Islámica de Irán.

Fatih Birol, economista jefe de la AIE afirma que nuestro actual modelo energético es “vulnerable, sucio y caro”, por lo que urge cambiarlo, pasando a otro que sea “seguro, limpio y menos costoso”. La lectura española del problema, ante la urgida restauración de la alternativa nuclear, remite al programa electoral del PSOE, que en esto como para tantas otras importantes cosas, se hizo desde la hipótesis de que en el 2004 no ganarían las elecciones. Ese programa establecía la previsión de que las centrales nucleares —que aportan un 19,5 de la electricidad que consumimos— serían progresivamente eliminadas, conforme a lo cual fue recientemente clausurada la de Zorita, mientras Finlandia y Japón, con un 30 por ciento aproximado de equipamiento nuclear en su respectivo modelo energético, siguen construyendo centrales nuevas, integradas en las 25 que ahora se preparan en el mundo.

El propio Felipe González, autor del parón nuclear que todavía pagamos los españoles, ha cambiado de criterio y ahora reclama las nucleares. Pero que rectifique él no quiere decir que lo haga también José Luís Rodríguez, dado lo enciclopédico, compacto y probado de su nesciencia. Ojala tuviera uno que rectificar porque había rectificado él como la hecho su predecesor en la Moncloa.

source: Estrella



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