Los siete socios, que representan la mitad de la población del planeta, anunciaron el martes el proyecto, que sería construido en el sur de Francia y pudiera revolucionar el uso global de energía para generaciones futuras.
Pero es solamente un experimento - osado, previsto y con un costo de 12.800 millones de dólares - y pasarán decenios antes de que los científicos siquiera estén seguros de que funciona.
El proyecto ITER de Estados Unidos, la Unión Europea, China, India, Rusia, Japón y Surcorea intenta combatir el calentamiento global ofreciendo una alternativa a los combustibles fósiles. Controlar los cambios climáticos y encontrar fuentes seguras de energía son objetivos urgentes en todo el mundo.
El presidente Jacques Chirac saludó el acuerdo como una victoria para la humanidad - y para Francia, que exporta abundantemente su experiencia con energía nuclear y superó a Japón en la contienda por ser la sede del reactor. El director del proyecto será japonés, y Japón suministrará las partes más complejas del reactor.
"La creciente escasez de recursos y la batalla contra el calentamiento global demandan una revolución en nuestras formas de producción y consumo", dijo Chirac. "Tenemos el deber de iniciar investigaciones que preparen soluciones de energía para nuestros descendientes".
Raymond Orbach, del Departamento de Energía de Estados Unidos, dijo en la ceremonia de firma que "esta energía representa la esperanza del mundo".
Durante medio siglo, los físicos han tratado de crear fusión, que replica la fuente de energía solar y no produce emisiones de gases de invernadero y relativamente pocos desechos radiactivos.
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