Faltaba Sacyr, que Luis del Rivero, otro de los reyes de la construcción, uno de los más expertos en el trato con el sector público, no quiere quedarse atrás. O sea que tenemos que Sacyr Vallehermoso ha adquirido un 9% del capital de Repsol, igual que antes hizo Acciona con Endesa y antes ACS con Unión Fenosa. Desde mi punto de vista, este es un motivo de reflexión para un español acostumbrado a narrar y admirar el empuje de los extranjeros.
Algunos, no todos, de este conglomerado de los multimillonarios españoles formado alrededor del cemento, un proceso igual de legítimo que otros pero sin duda más consistente, son ingenieros emprendedores que se han hecho a sí mismo; que han aportado trabajo, sacrificio, perseverancia, afición y que, finalmente, han sido agraciados con la suerte. Al menos hasta la fecha. Es el caso de todos de los que estamos hablando, incluido el de los Entrecanales, aunque, en reconocimiento a la historia, su trayectoria viene de bastante más antiguo, siendo, como mínimo, igual de encomiable.
Lo que quiero decir es que todo esto me parece muy bien, salvo que sólo se haga para mejor vida de los multimillonarios citados bajo la coartada de que son españoles, nacionales. En todo este movimiento corporativo destacable hay un cierto olor a nacionalismo/españolismo inconveniente que procedería liofilizar. Prefiero inversores españoles siempre que paguen lo máximo posible y no impidan a otro, aunque sea alemán o de cualquier otro país normal, pagar más dando el mismo servicio, porque aquello de que el sector eléctrico es estratégico y que hay que tenerlo en cuenta y que hay que preservarlo y que no seamos tan ingenuos y que España es España, etcétera, es un cuento chino que se esgrime cuando conviene en beneficio de parte.
O sea, que bendigo lo de Sacyr, que lleva tiempo con la comezón de dar un salto cualitativo hacia una cierta grandiosidad -lo intentó antes con el BBVA- . Pero, ¡ojo al dato!: los intereses de España no han de ser necesariamente los de los señores Pérez, Entrecanales o Del Rivero. Ni tan siquiera, los del señor Botín, siempre detrás de la financiación de estas operaciones, como es su trabajo, gracias al cual, como banquero, no hay nadie que le tosa. A este respecto, las cosas deberían estar meridianamente claras, y no estoy seguro de que la nueva normativa de opas sirva decididamente para algo más que para consolidar la ambición de dominio del capital patrio, del de siempre; o de los que, siendo advenedizos, demuestran gran pericia en imitarlos.
Y para este viaje, no necesitábamos estas alforjas. O al menos, que no se haga en nuestro nombre, en el nombre del pequeño accionista. ¡Que no sean tan cínicos!
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