José Fernando de Freitas, el presidente de la petrolera brasileña Petrobras en Bolivia advierte que la capacidad de producción de gas del país es limitada.
A partir de la nacionalización de los hidrocarburos, la relación entre Bolivia y Brasil es compleja. El presidente de la brasileña Petrobras en Bolivia, José Fernando de Freitas, conversó con La Razón acerca de los tenores de este proceso y las consecuencias resultantes del mismo.
¿Cómo quedaron las relaciones entre Petrobras y el Gobierno boliviano luego de la visita del vicepresidente Álvaro García Linera a Brasil?
Fue una reunión de gobierno a gobierno. Hablaron sobre la agenda bilateral de energía, pero no discutieron temas específicos sobre los intereses de Petrobras. La reunión sirvió para buscar un ámbito de negociación más adecuado para ambas partes.
¿Se ha conseguido reencauzar la negociación?
Estamos optimistas que sí. El viernes 15, el Ministro de Minas y Energía de Brasil va a estar en Bolivia para un encuentro con autoridades bolivianas, también para estrechar las relaciones bilaterales. Cualquier acercamiento entre ambos gobiernos a Petrobras le viene bien, porque busca que el ambiente de negociación sea más fluido.
¿Cómo están la negociación del precio del gas y la de los nuevos contratos?
Son dos procesos distintos. La negociación del precio del gas se da a través de un ámbito ya previsto en el propio contrato, que es un ámbito de búsqueda de solución de conflictos. Cualquiera de las partes tiene derecho de buscar dentro de esas cláusulas la defensa de los intereses que cree que sean legítimos. En ese sentido, las dos partes se encuentran periódicamente y recién han decidido prorrogar el plazo de negociación. En cuanto a la aplicación del decreto de nacionalización, hubo algunas reuniones preliminares entre Petrobras y YPFB que no han sido conclusivas. Hace más de dos meses que no tenemos ninguna reunión. Esperamos que esas reuniones se den ahora bajo un nuevo marco de mejores intenciones (...)
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