Estábamos equivocados. José Luis Rodríguez Zapatero lo que realmente deseaba es abrir el mercado español a los inversores extranjeros y, eso sí, vender a los alemanes una de las joyas de la corona del sector eléctrico español y, de paso, quitarse de en medio a Manuel Pizarro.
Lo ha conseguido o está a punto. Tras lo de E.ON vendrán casi todos nuestros competidores porque hay un buen conjunto de grandes empresas con poca capacidad de respuesta ante una OPA suculenta. Sobre todo si es cash. No hay que sorprenderse. El mercado es el mercado y está abierto para todo el que llame a la puerta.
De este paso nos convertimos en Gran Bretaña sin saberlo y la Reina de Inglaterra nos da la Cruz del Mérito al trabajo en conjunto para la apertura empresarial en Europa. Al final haremos un mercado común libre de trabas políticas. Soñar es gratis y nuestro presidente tiene esos vahídos traslúcidos.
El que venga a comprar debe saber que a lo peor se produce un proceso judicial largo y tedioso, que los tribunales pueden anular una decisión del Consejo de Ministros, que los reguladores pueden hacer tediosos informes, con votaciones esperpénticas, y que finalmente, si quiere rematar la adquisición, deberá ser tras una previa reunión entre el presidente de su país y el del nuestro, sobre todo si estamos ante un sector considerado estratégico. Así es en Francia, en Italia y por qué no, en España. Uno más en el interés común. Estará bien ver cómo solucionan el embrollo judicial en la cumbre.
Luego viene siempre la poco dúctil realidad que ofrece las aristas de este tipo de conflictos. Cuando Zapatero se vea con Ángela Merkel en la intimidad de la cumbre veremos que exige la presidenta teutona, a la vista de las 19 condiciones establecidas por la CNE y que E.ON quiere dejar en res de res que diría un catalán, con perdón.
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