"El mundo se encamina a una crisis energética tras otra en los próximos 25 años". Así de rotunda es la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe Perspectivas energéticas mundiales 2006. La razón es bien sencilla: la inversión en infraestructuras energéticas actual es un 20% inferior a lo necesario. Hasta el 2030, el desembolso mundial en infraestucturas energéticas deberá superar los 20,2 billones de dólares.
Si no se apuesta inmediatamente por la energía nuclear, por el ahorro, y se desembolsan los euros necesario para elevar la producción de petróleo, gas y electricidad, en el escenario futuro asistiremos a un precio del oro negro por las nubes, apagones eléctricos continuos, problemas de suministro y desastres climáticos. Según Claude Mandil, director ejecutivo de la AIE, "el modelo energético actual es insostenible y está destinado a fallar".
¿Cómo cambiar ese desastroso futuro? La receta de la AIE contiene tres ingredientes: aumentar la generación de energía nuclear, mejorar la eficiencia energética tanto en el transporte como en los electrodomésticos e incrementar la cuota de las energías renovables, ya sea con el bio-fuel en el transporte o la energía eólica en la electricidad.
source: Capital
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