Media docena de países árabes se han dirigido al Organismo Internacional de Energía Atómica de Viena (OIEA) para solicitar su ingreso en el selecto club de países con tecnología nuclear. Aunque el acceso al mismo está abierto en cuanto al uso civil del átomo, las posibilidades de que se destine a uso militar han disparado las alarmas en Occidente.
Los márgenes que separan el uso nuclear civil del militar son tan estrechos que bastan para que las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU extremen sus precauciones. Los satélites de observación y las estaciones radares espían los movimientos de todos los candidatos al club nuclear. El caso de Irán, como el de Corea del Norte, indica que se puede eludir los controles del OIEA, y eso es precisamente lo que Occidente quiere evitar.
Marruecos y Argelia son dos candidatos, y ambos considerados como aliados de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, los servicios de inteligencia occidentales siguen minuciosamente sus pasos en materia nuclear. Ambos mantienen una disputa hegemónica que dura más de 40 años, y que se ha enquistado en el conflicto del Sahara Occidental. Su rearme -Argelia ha comprado aviones de combate y material bélico a Rusia por valor de 7.500 millones de dólares y Marruecos ha hecho lo mismo, aunque en menor proporción, con los aviones Rafale franceses- agudiza las sospechas.
Una medida preventiva
Egipto también ha entablado negociaciones con el OIEA. Es vecino de Israel, con el que el mundo árabe está en guerra desde hace medio siglo. Suficiente para que el Mossad (servicio de inteligencia civil), el Aman (inteligencia militar) e incluso el Shin Beth (contraespionaje y seguridad interior), no le quiten ojo. La entrada en el Gobierno israelí de Avigdor Liebermann como ministro de Asuntos Estratégicos ha puesto el orden del día el «peligro nuclear». En su reciente visita a Rusia, Liebermann consideró legítimo que Israel utilice el arma atómica contra Irán como «medida preventiva». El general Zeevi-Farkash, antiguo jefe del Aman, por su parte, cree inevitable «una guerra nuclear» de Israel contra alguno de sus enemigos.
Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos son los dos países del Golfo que pretenden acceder al club atómico. El primero ha firmado un Tratado de cooperación nuclear con Pakistán, y el segundo ha jugado un turbio papel en el tráfico de material atómico a cargo del padre de la bomba atómica paquistaní, Abdul Qader Khan.
El único país árabe que no levanta sospechas sobre la posible doble utilización de la tecnología nuclear es Túnez, cuyas intenciones aparecen transparentes al querer dotarse de una industria atómica para la producción de electricidad, la investigación en medicina, el desarrollo de desaladoras, la agricultura y otros servicios civiles.
En su reciente visita a Argel, Peter W. Rodman, secretario adjunto de Defensa de EE UU, recordó la posición oficial de Washington que no se opone al acceso a la tecnología nuclear para uso civil de «los países que respeten sus compromisos internacionales», pero fue categórico en su oposición a los proyectos secretos. «Irán puede ser un mal ejemplo para otros países», dijo Rodman.
El caso de Túnez parece más transparente por ser un país árabe con apenas recursos energéticos. El presidente Zine El Abidine Bel Ali ha ordenado a la Sociedad Tunecina de Electricidad y Gas (STEG) elaborar un proyecto detallado de producción de electricidad a base de energía nuclear. Según el ministro de Investigación Científica, Tayeb Hadhri, «la construcción de una central capaz de producir 600 megawatios/hora costará en torno a los mil millones de euros y podrá entrar en servicio en la próxima década».
source: LaRazon
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