De negro historial en materia de derechos humanos, John Negroponte cobra otra vez notoriedad, esta vez por sus recientes ataques contra Venezuela.
En la década de los 80 este personaje fue cómplice de los crímenes de los escuadrones de la muerte en Honduras, que cobraron la vida de casi 200 personas, incluidos ciudadanos estadounidenses, y ahora vuelve por sus fueros en una nueva edición de aquella guerra sucia practicada en Centroamérica.
Como zar de la seguridad, forma parte del coro de voces "encumbradas" que disparan a mansalva contra la Revolución Bolivariana, en una sinfonía que, cuando menos, busca mantener caliente el ambiente con Caracas, y que ha tenido de protagonistas a Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld.
Según sus descargos, Venezuela se inmiscuye en asuntos internos de otros países de la región, estrecha relaciones con el "eje del mal", léase Irán y Corea del Norte, y usa nuevos medios de comunicación para sus propósitos bolivarianos, una franca referencia a las molestias ocasionadas por Telesur, al romper el monopolio de las transnacionales de la información.
Negroponte calificó de "extravagante" a Chávez, por invitar al presidente electo de Haití, René Preval, a unir a su país a Petrocaribe, una solución energética para la mayoría de las naciones miembros de la Comunidad del Caribe, en momentos en que los precios del crudo están por las nubes.
Claro que para el jefe de la Agencia Federal de Seguridad no resulta para nada extravagante que las tropas de Estados Unidos invadieran al Estado más pobre del hemisferio y pusieran en un avión al Presidente constitucional con rumbo a una lejana nación africana.
Y por supuesto que le parece poco usual y extraño que Venezuela utilice sus ingresos petroleros para ayudar a otros países y fomentar la integración latinoamericana, no mediante la competencia desleal, sino por la vía de la solidaridad y la cooperación.
Eso pudiera justificar la "extravagancia" de que Venezuela y Cuba operen de la vista a miles y miles de latinoamericanos y caribeños de bajos recursos (Misión Milagro), cuyas afecciones oftalmológicas no habrían sido resueltas por la tradicional, bien vista y establecida medicina privada.
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