RUSIA-UE: HA LLEGADO LA HORA PARA LA DIPLOMACIA ENERGÉTICA

¿Es posible para la Unión Europea sellar un pacto con Rusia y asegurarse de esta manera un suministro estable de hidrocarburos rusos a los 25 Estados miembros?

¿Cómo será en el futuro la estrategia de la cooperación energética entre Bruselas y Moscú? Las respuestas a esas cuestiones dependen en gran medida del resultado que tengan las negociaciones del próximo viernes entre el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y el dirigente ruso Vladímir Putin.

Estamos presenciando, en rigor, el nacimiento de la diplomacia energética, un nuevo género de relaciones internacionales que difícilmente podría surgir en otro momento más apropiado por la proximidad de la cumbre del G-8 en San Petersburgo. Esta reunión será celebrada en el marco de la presidencia rusa que proclama, como uno de los temas prioritarios, la seguridad energética.

José Manuel Barroso llega a Moscú con un arma nueva en las manos: un documento, mediante el cual Bruselas sugiere a los países miembros de la UE desarrollar una estrategia única en materia energética y consagrarla en un acuerdo firmado con Rusia. A los europeos se les recomienda formar un organismo único que se encargue de coordinar la política de la UE en el sector energético. De esta manera, la cúpula dirigente de la UE osa retomar la iniciativa de una estructura de regulación supranacional, idea que en reiteradas ocasiones ha sido rechazada por los Estados miembros en otras asignaturas, por ejemplo, la financiera y la de telecomunicaciones.

Visto desde Rusia, da la impresión de que el presidente de la Comisión Europea tiene en Bruselas problemas más serios y numerosos en comparación con aquellos que podrían depararle el encuentro con Putin en Moscú. No hay ningún viso de acuerdo a espaldas de Barroso. Incluso los veteranos de la UE – Alemania, Francia, España e Italia – creen que la seguridad energética es un asunto estrictamente nacional y de tanta importancia que no debería ser traspasado al control de Bruselas. Dichas naciones no están nada seguras de que sea preciso mantener ‘una postura única ´ en la negociación con los proveedores de hidrocarburos, contrariamente a lo que sugiere el documento recién aprobado por la UE. Lo único que puede hacer Moscú en ese contexto es lamentarlo. Tal y como están las cosas, el presidente de la Comisión Europea podría representar en Moscú los intereses energéticos de los países miembros sólo en plano teórico. Rusia, entretanto, quisiera que la comunidad internacional viera en la seguridad energética una materia indivisible, debido al carácter global de ese sector. ‘Un futuro energético común significa una responsabilidad común, riesgos y beneficios comunes’ – señala Vladímir Putin en un reciente artículo dedicado al tema en cuestión.

Denunciar la dependencia europea con respecto a los hidrocarburos rusos está de moda últimamente,. Los escépticos recuerdan que la UE no puede prescindir del gas natural y el petróleo rusos, los cuales ya representan un 25% y un 30%, respectivamente, en la balanza energética de Europa, y advierten que esa situación podría derivar a futuro en una dictadura energética total por parte de Moscú. La mayoría de los expertos augura que hacia el año 2030 Europa tendrá que cubrir con las importaciones un 90% de su demanda del gas y un 70% de la del petróleo, por lo cual el peso de los suministros rusos podría subir aún más.

De forma intencionada o no, los escépticos pasan por alto un detalle importante. La seguridad energética no se limita a la cuestión del quién suministra qué cosa a quién. Es verdad que Rusia es la mayor proveedora de hidrocarburos para la UE y, por cierto, ha ido demostrando a lo largo de varias décadas su buena fe. No olvidemos que esas ventas representan para Moscú un 20% del volumen total de los ingresos por exportaciones, así que Rusia tiene iguales motivos para temer una ‘dictadura’ de la UE en su comercio exterior.

La dependencia de la UE y Rusia es recíproca, por lo cual conviene aportar a esta materia un mayor grado de confianza, en vez de hablar sobre peligros ilusorios de cierta dictadura, y la confianza tiende a crecer a medida que se va fomentando la cooperación. Las nuevas inversiones europeas en el desarrollo de los yacimientos petroleros en Rusia, la construcción conjunta de las tuberías como, por ejemplo, el Gasoducto del Norte de Europa y la protección coordinada de esas arterias energéticas contra los posibles atentados terroristas podrían ser ladrillos en la futura arquitectura de la seguridad energética en Europa.

Al tocar esos temas en Moscú, José Manuel Barroso va a encontrar seguramente en Putin a un coideario entusiasmado. Si miramos objetivamente las últimas acciones del presidente ruso en el ámbito energético, veremos algunas iniciativas importantes que Moscú, inspirada en la idea de la seguridad energética global, ha presentado de forma unilateral.

A raíz de la reciente disputa del gas con Kíev, que requisaba a diario casi 70 millones de metros cúbicos del gas ruso destinado a los consumidores de Europa Occidental, Moscú insistió en la firma de dos convenios separados en lugar de un contrato único: uno, sobre las ventas de este hidrocarburo a Ucrania, y el otro, sobre el tránsito del gas a Europa. La nueva fórmula, obviamente, contribuye al mayor grado de estabilidad en el mercado energético europeo.

Otro problema que es objeto de reflexión para Rusia es la compatibilidad del régimen de la no proliferación nuclear con el desarrollo de la energía atómica. Moscú ha presentado una propuesta interesante en esta materia: establecer una red de centros nucleares para enriquecimiento de uranio, con acceso indiscriminado para todos los países. Conste que Rusia no pretende monopolizar esa iniciativa porque centros de este tipo podrían instalarse también en otros países miembros del club nuclear.

En vísperas de su visita a Moscú, José Manuel Barroso se pronunció por un mayor protagonismo de las empresas europeas en el desarrollo de los yacimientos del gas y el petróleo en el territorio de Rusia. Cuando se debata ese tema, Vladímir Putin podría mencionar el caso de TNK-BP, petrolera participada por accionistas rusos y británicos en partes alícuotas. Rusia ya representa un 25% en el volumen total de la producción de BP y Moscú no duda en traspasar grandes reservas de hidrocarburos al control de esa empresa conjunta, viendo en ello una contribución a la estabilidad energética global.

Hasta la fecha, Rusia ha actuado prácticamente sola en el terreno de diplomacia energética internacional, así que la incorporación de Bruselas a esa tarea será bienvenida.

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