¿Española o europea? Sin duda, la oferta pública de compra de E.ON tiene carácter europeo. Una alemana se quiere comer a una española, pero puede darse el caso de que la Comisión Europea, con sus comisarios de interior y de competencia y su canesú, apruebe esta transacción y, en España, los expertos, técnicos y estudiosos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) digan todo lo contrario.
El Gobierno les ha dado potestad para vetar la transacción, simple y llanamente, e incide en la realidad de que las políticas energéticas son nacionales y no comunitarias, es decir, no hay mercado único energético. Una tesis clara y evidente que repiten también desde Gas Natural.
Por ahí van a ir los tiros de las explicaciones a Bruselas sobre los decretazos del ejecutivo y también por la otra vía de la seguridad del suministro, de la dependencia de nuestro mercado del exterior y de la soberanía del Gobierno en este sentido como regulador del sector y defensor del interés de los consumidores.
Los alemanes de E.ON deben estar alucinando cuando han visto las facilidades que les da la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Ni siquiera van a tener que ratificar la oferta, aunque del folleto no se libra nadie y de su estudio menos. No importa si la CNMV da luz verde a la transacción, porque será el órgano competente, la CNE, el que tendrá en sus manos la decisión, que es anterior.
Una decisión que se va a tornar insufrible en el tiempo, abracadabrante en el más puro estilo del vuelva usted mañana, porque el organismo regulador va a meter la lupa en todas y cada una de las filiales de E.ON.
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