Con un portafolio cargado de 16 acuerdos en los sectores de petróleo, gas y petroquímica, el ministro de Energía y Petróleo y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, destaca el rotundo éxito de la recién culminada gira del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, por ocho países esparcidos en cuatro continentes: América del Sur, Europa, Asia y África.
“Hemos dicho que necesitamos relacionarnos con el Caribe, Centroamérica, Suramérica, Asia y África, y eso es lo que estamos cumpliendo. ¿Cómo no hacerlo en el área petrolera si es la mayor fortaleza que tenemos a nivel internacional?”, puntualiza Ramírez a fin de despejar cualquier duda sobre la vinculación de la industria nacional de los hidrocarburos en la estrategia del Gobierno Bolivariano para el posicionamiento geoestratégico del país.
“No es un esquema meramente energético. El desarrollo de proyectos de hidrocarburos es un paso para consolidar una integración en lo económico, en lo social, en lo político”, afirmó el titular del despacho de Energía y Petróleo y presidente de Pdvsa, al tiempo que subrayó que el Estado venezolano está replanteando la presencia internacional del país, mediante la profundización de los esfuerzos de integración energética y la promoción de un mundo multipolar.
—¿La mirada hacia América del Sur por parte de la industria petrolera venezolana significa que dejará de mirar hacia el norte?
—De ninguna manera. La histórica relación energética de Venezuela con los Estados Unidos se mantendrá. Nuestro compromiso con el establecimiento de relaciones solidarias, complementarias y de beneficio mutuo no discrimina a priori a pueblo alguno. Con base en este mismo principio, miramos ahora hacia el sur; y lo hacemos con el mismo ahínco con el que antes sólo mirábamos hacia el norte.
Por eso nos complace que, en el marco de la reciente gira presidencial, Bolivia, Paraguay y Uruguay se hayan sumado al proyecto Gran Gasoducto del Sur mediante un memorando de adhesión en materia de integración gasífera. Este proyecto apuntalará el progreso y bienestar de todos los integrantes del Mercosur, cuya región alberga más de 250 millones de habitantes.
—La adhesión de estos países al proyecto Gran Gasoducto del Sur ha sido un logro diplomático importante. ¿Será igualmente un éxito técnico y comercial?
—Yo diría que lo más importante es que por sobre los aspectos técnicos se ha tenido conciencia política. Nosotros hemos empezado por lo más difícil que es tener precisamente el consenso político, es decir, la aprobación de los gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Ya con esto el proyecto camina con más facilidad porque ahora podemos establecer un tratado para manejar este gasoducto. Para ello se constituirá una empresa multiestatal. En otras palabras, ya tenemos la parte más dura y ahora lo técnico y comercial va a continuar su avance de manera más expedita.
—¿Aumentarán las inversiones de empresas suramericanas en la industria petrolera venezolana?
—Por supuesto. En este sentido, por ejemplo, durante la gira del Presidente Chávez también suscribimos con la empresa argentina Enarsa y la uruguaya Ancap, un convenio para la ejecución del Estudio de Cuantificación y Certificación de los Yacimientos Existentes en el Bloque Ayacucho 6 de la Faja Petrolífera del Orinoco. Esto se suma a los múltiples proyectos que tenemos con otras empresas estatales de la región tales como Ypbf, de Bolivia; Petrobras, de Brasil; Ecopetrol, de Colombia; Cupet, de Cuba, etc.
—Cambiando de área geográfica, ¿cuál es la importancia de los acuerdos energéticos con países de la órbita europea como Belarús?
—Esos acuerdos son de una importancia capital. La miopía de la cuarta república y la vieja Pdvsa impedían ver las fortalezas que podíamos adquirir estrechando lazos con estos países. De Belarús ni siquiera sabíamos de sus avances industriales y tecnológicos en el área de exploración y perforación de yacimientos petroleros. Nos enorgullece haber concretado en Minsk un acuerdo marco de cooperación energética y petroquímica con el objetivo de ampliar la cooperación económica y científico-técnica. También fue aprobada la creación de una comisión mixta de alto nivel que me honra presidir; y la cual tiene el propósito de estudiar proyectos de inversión en sectores tales como ciencia y tecnología, transporte, infraestructura, construcción y agricultura. De esta manera, estamos conquistando soberanía, estamos conquistando independencia económica, tecnológica y comercial.
—¿Por qué se escogió a una empresa rusa para el diseño del esquema general de desarrollo gasífero de Venezuela?
—No se trata sólo de una empresa rusa; nos referimos al Instituto de Investigación Científica de Gases Naturales y Tecnologías del Gas, filial de Gazprom, la mayor empresa gasífera del mundo.
Esta compañía realizó un trabajo similar para Rusia, proyecto que requirió cuatro años y en el que se aplicó una exitosa metodología. En nuestro caso, el proyecto deberá ser realizado en un año, sumará 300.000 horas de labor para un equipo de trabajo conformado por 100 técnicos venezolanos y rusos.
Mediante este esfuerzo, Venezuela contará con un plan de desarrollo del sector gas para los próximos 50 años, estrategia que incluye tanto el desarrollo del mercado interno como el proceso de interconexión regional. De este modo aumentará la seguridad energética del país.
—La inversión rusa abarca otros sectores de la industria de los hidrocarburos en Venezuela. ¿Se ampliará esta inversión?
—Sí. Durante nuestra estadía en Moscú nos reunimos con el presidente de Lukoil, Vagit Alekperov, y revisamos los avances de diversos proyectos, especialmente aquellos relacionados con la certificación y cuantificación de crudos pesados en el Bloque Ayacucho 3 de la Faja Petrolífera del Orinoco y el estudio de la conformación de una Empresa Mixta para la operación del campo maduro Oficina Central, en el estado Anzoátegui. Además, evaluamos la posibilidad de utilizar taladros petroleros rusos en Venezuela, y el avance del proyecto de construcción de la segunda etapa de la Central Hidroeléctrica La Vueltosa, estado Táchira, con la empresa rusa Technopromoexport, para la generación de 500 megavatios de electricidad. También firmamos con la compañía privada rusa Agrochemical Corporation (Azot) un memorando de entendimiento a fin de estudiar la posibilidad de construir dos o tres plantas de fertilizantes de alto valor en Venezuela.
—¿Los acuerdos energéticos con Irán indican que se dará un impulso a las asociaciones con empresas estatales de los países miembros de la Opep?
—Eso es un mandato de la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países Miembros de la Opep. Al respecto, hemos dado algunos pasos importantes con naciones como Argelia, Indonesia, Qatar e Irán. En nuestra reciente visita a la capital iraní avanzamos mucho en la consolidación de nuestros lazos energéticos mediante la suscripción de un conjunto de nuevos acuerdos de cooperación que abarcan tanto el desarrollo de actividades de formación de recursos humanos en exploración y producción de hidrocarburos en tierra firme y costa afuera.
Entre los documentos suscritos destaca el Memorando de Entendimiento para la Ejecución Conjunta del Estudio de los Yacimientos Existentes en el Bloque Cardón II del Proyecto Rafael Urdaneta, al norte del Golfo de Venezuela. Resalta, igualmente, la firma del Memorando de Entendimiento sobre Adiestramiento y Entrenamiento en los Sectores Petrolero y Gasífero. También firmamos un contrato de Servicio de Evaluación Técnica en Áreas de la Faja Petrolífera del Orinoco y del Proyecto Gasífero Mariscal Sucre y una Carta de Intención para la Evaluación de una Empresa Mixta de ingeniería iraní-venezolana que trabajará en proyectos mayores de Pdvsa. Además, suscribimos un Memorado de Entendimiento orientado a la creación de una empresa mixta entre Pdvsa y Petropars que realizará inversiones, tanto en Venezuela como en el exterior, con el propósito de desarrollar la cadena de valor de los hidrocarburos.
—¿Por qué establecer alianzas energéticas con países tan distantes como Vietnam, en Asia, o tan disímiles como Mali, en África?
—Estamos atendiendo una realidad del mercado petrolero mundial. Existe un área de desarrollo en Asia que presenta una alta demanda de crudos y productos: las economías de China y la India, así como del resto de los países asiáticos mantienen un alto crecimiento económico y van a requerir mayores volúmenes de petróleo, de productos y de gas natural. Igualmente, África requiere ingentes cantidades de energía para su desarrollo. En ese contexto, nosotros, en una posición responsable, estamos trabajando en nuestra planificación para dar pasos concretos.
Por eso firmamos acuerdos de cooperación energética con la república africana de Mali y con la República Socialista de Vietnam. En esta última, suscribimos entre nuestras empresas petroleras estatales Pdvsa y Petrovietnam un acuerdo de cooperación y una carta de intención para evaluar oportunidades de desarrollo de proyectos de petróleo y gas. Ambas empresas adelantarán negociaciones de acuerdos específicos en exploración y producción, así como en refinación, suministro y comercialización; y capacitación especializada. El alcance de la carta de intención incluye evaluaciones de oportunidades en exploración y producción en campos petroleros venezolanos y vietnamitas, elaboración de crudo mejorado de la Faja Petrolífera del Orinoco con el objetivo de alimentar una refinería en Vietnam, disponibilidad de gas natural como fuente de energía e hidrógeno en ambos países, y la comercialización de petróleo crudo y productos en la región Asia-Pacífico.
—¿Se le va a adjudicar a Vietnam un bloque de la Faja Petrolífera del Orinoco?
—Eso es lo que estamos estudiando. Estos proyectos en diseño serían desarrollos integrados desde la Faja Petrolífera del Orinoco hasta el destino final. Y a esto se le suma lo que hemos estado trabajando con China, donde ya tenemos un promedio de colocación de 200.000 barriles diarios de crudo. Todo esto nos permite, desde una posición más firme, diversificar nuestros mercados.
—¿En qué beneficia la ejecución de esta estrategia a los venezolanos?
—Primero hay que señalar que ésta es una estrategia que va en paralelo con el Plan Siembra Petrolera, el cual presupone inversiones de 60.000 millones de dólares en el país para los próximos 5 años, monto que suma casi 10.000 millones de dólares anuales de inversión y un estimado de gastos de 70.000 millones de dólares, es decir, compra de bienes, servicios, productos, etc.
Vamos a tener un nivel de inversión propia de Pdvsa como nunca lo habíamos visto. Porque no hay que olvidar que en ese plan proyectamos un aumento de la producción de crudo de 3,3 millones de barriles diarios a 5,8 millones de barriles diarios. Se trata de un aumento muy importante que significa duplicar nuestra capacidad exploratoria, de sísmica, de perforación y evaluación de yacimientos, etc.
Un crecimiento sostenido en la Faja Petrolífera del Orinoco bien planificado que dará extraordinarios resultados, y también el desarrollo de proyectos de infraestructura para transporte de petróleo y gas. Hemos estimado, por ejemplo, que se necesitarán unos 10.000 kilómetros de tubería solamente para poder atender el plan de Pdvsa dentro de nuestro país.
—Entonces, ¿la red de alianzas que se concretan en la firma de acuerdos está relacionada con la necesidad de colocar el aumento de la producción previsto en el Plan Siembra Petrolera?
—Claro. Si nosotros no tenemos dónde colocar esa producción incremental entonces tendríamos una posición muy vulnerable.
Los venezolanos debemos entender que hasta la fecha nuestra posición ha sido muy frágil al depender solamente de los vaivenes de la política y economía estadounidense para colocar nuestro petróleo; eso es lo que en términos populares se llama tener todos los huevos en una sola cesta. Hoy en día nosotros, tanto por razones éticas y morales, porque no es posible que por años no hayamos tenido ningún tipo de relación con nuestros hermanos del Caribe y Centroamérica, y América del Sur, como por razones estratégicas de seguridad, estamos dando los pasos que Venezuela sabía que íbamos a dar. Aquí no hay ningún secreto. Dijimos en nuestro plan que íbamos a diversificar nuestra actividad internacional y eso es lo que estamos haciendo.
No es posible que en nuestro país se desarrolle una política energética aislada del mundo. Sí somos exitosos internamente pero estamos aislados internacionalmente, pudiéramos enfrentar problemas para continuar con el desarrollo nacional. De manera que el ámbito internacional es tan importante como el interno.
—¿En qué se diferencia la internacionalización realizada por la vieja Pdvsa y la que adelanta la nueva Pdvsa?
—La internacionalización de la vieja Pdvsa fue una estrategia montada, en primer lugar, para garantizarle el abastecimiento de petróleo a Estados Unidos de una manera masiva y barata.
Hay que recordar que todos los contratos de esa época contenían descuentos implícitos significativos. En segundo lugar, hay que señalar que en esa estrategia se había fijado el objetivo de sacar del control del Fisco una serie importante de activos de Pdvsa, porque muchas de las adquisiciones que se hicieron, que supuestamente respondían a la necesidad de garantizar la colocación de nuestros crudos, sencillamente nunca los han procesado.
En cambio, nuestra política internacional tiene que ver primero con un posicionamiento geopolítico de nuestro país. Antes, en la cuarta república, se pensaba que la empresa y el Estado podían tener intereses distintos.
Nosotros hemos dicho que no, que la empresa nacional tiene que acompañar al Estado venezolano en su posicionamiento geoestratégico, y luego tiene que ver con la necesidad de garantizar colocación para nuestros volúmenes incrementales de producción hacia el sur, Europa y las economías asiáticas en plena expansión; por ello es que establecemos acuerdos que involucran ampliaciones de refinerías existentes para adaptarlas a nuestros tipos de crudo, así como proyectos integrados desde la producción hasta la refinación y colocación de crudos y productos en mercados estratégicos y nuevos para nosotros.
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