"... La nacionalización del gas, anunciada por el presidente Morales como “un acto de soberanía nacional”, contó con la asistencia técnica y posiblemente el financiamiento de otro país (Venezuela), que además es una potencia petrolera en cierto sentido competidora de Bolivia".
Los abogados de PDVSA, la empresa estatal venezolana, redactaron los contratos que renegociaron, en octubre del año pasado, las autoridades bolivianas y las empresas petroleras del país. La revelación fue realizada por el semanario Pulso, de La Paz.
Los abogados aludidos pertenecen a una firma estadounidense, Curtis, Mallet-Prevost, Colt & Mosle LLP, y en el pasado representaron a PDVSA en procesos arbitrales planteados en su contra por compañías transnacionales como Total y Eni.
Esto significa que la nacionalización del gas, anunciada por el presidente Morales como “un acto de soberanía nacional”, contó con la asistencia técnica y posiblemente el financiamiento de otro país, que además es una potencia petrolera en cierto sentido competidora de Bolivia.
Curtis…, que presenta entre su personal al abogado George Kahale III, el cual dirigió el caso de PDVSA, es una compañía especializada en el diseño de acuerdos petroleros extremadamente sofisticados, y sus honorarios son los usuales en el mundo de los negocios petroleros; sin embargo, YPFB, la estatal boliviana del petróleo, no reportó hasta ahora de ninguna disposición presupuestaria especial para pagar tales servicios. Pulso se pregunta, por tanto, si éstos no fueron subvenidos por la propia PDVSA.
En tal caso, no solo se estaría repitiendo la historia de la mayor parte de las reformas públicas bolivianas, incluyendo a los programas económicos de la Revolución Nacional, que normalmente contaron con asesoramiento extranjero, en especial estadounidense, sino que estaríamos ante un acto extremo de intervención extranjera en asuntos internos. En el pasado, por lo menos el dinero que se pagaba a los profesionales foráneos era boliviano, aunque proviniera de créditos.
Otro hecho insólito es el secreto con que se ha cubierto este asesoramiento. Cuando la Folha de Sao Pablo informó que en las negociaciones con la estatal brasileña Petrobras, YPFB fue representado por George Kahale, las autoridades bolivianas negaron “vehementemente” el aserto, y dijeron que la negociación sólo estuvo a cargo de jóvenes profesionales especialmente escogidos y que responden directamente al Presidente.
Sin embargo, este grupo, liderado por el actual ejecutivo de YPFB, es considerado “novato” y poco idóneo en el ambiente petrolero nacional. Ahora Pulso, basado en sus propias fuentes, las cuales siguieron de cerca el proceso de renegociación de los contratos, refrenda y amplía la noticia dada por la Folha.
Se confirma así la suposición del presidente Lula Da Silva, manifestada poco después de que Evo Morales nacionalizara el gas el 1 de mayo de 2006, en sentido de que la medida, considerada como fundamentalmente anti-brasileña (por la forma en que afecta a Petrobras), se dictó bajo la influencia de Hugo Chávez, quien viajó a Bolivia al día siguiente de la nacionalización, se reunió largamente con Morales, y luego actuó como un valedor oficioso de Bolivia ante el presidente argentino Kirchner. Días más tarde, sin embargo, cuando el enojo brasileño llegaba a su cúspide, y el canciller Celso Amorín repudiaba abiertamente la actitud venezolana, Chávez tuvo que “bajar el perfil” y negó la sospecha de Lula. “La nacionalización del gas es un asunto de los bolivianos”, dijo entonces. Asunto de los bolivianos… y de los abogados estadounidenses de PDVSA, según parece.
En los meses que nos separan de la firma de los contratos, los jóvenes profesionales que responden al Presidente se han mostrado particularmente torpes para manejar los contratos que supuestamente redactaron. Firmaron un acuerdo con las petroleras, enviaron otro distinto al Congreso, éste aprobó la versión que no era, y ahora no saben cómo salir del embarazoso enredo, que según una fuente oficialista causó el “violento” enojo del presidente Morales.
La primicia de Pulso contribuye a explicar la causa de fondo de la asombrosa negligencia del equipo oficial del gas. También explica la extrañeza de uno de los principales analistas petroleros nacionales, respecto a la “inconfundible redacción anglosajona” que detectó en los contratos.
Pero mucho más importante es que echa luz sobre el verdadero vínculo entre Chávez y Morales, que trasciende las asociaciones diplomáticas convencionales, para adquirir los visos de una relación de dependencia en todos los planos, desde la atención de desastres hasta las microfinanzas, sin saltarse el campo militar. Todo lo contrario a la “soberanía nacional”, cuya garantía el gobierno considera, retóricamente, uno de los valores que inspira su actividad política.
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