La relación entre Fidel Castro y Hugo Chávez ha permitido que Cuba remonte la dura situación económica después del colapso de la Unión Soviética y que pueda respirar frente al embargo comercial norteamericano.
La relación se ha intensificado: en abril crearon una empresa mixta petrolera, PDV-Cupet, controlada en un 51% por Cuba y en el 49% restante por Venezuela. El primer proyecto es reactivar y modernizar una refinería de petróleo en Cienfuegos, a 250 kilómetros de la capital cubana, abandonada desde la caída de la Unión Soviética. Con la renovación venezolana procesará hasta 70.000 barriles diarios de crudo.
Pero la gran fuerza del Gobierno cubano reside en un nuevo marco iberoamericano. Con Hugo Chávez en la presidencia de Venezuela, dirigiendo una inmensa reserva de petróleo a los precios actuales, el régimen cubano tiene un espléndido complejo de relaciones en los principales países del continente. Todo esto quedo patente en la cumbre de Mercosur celebrada en Córdoba.
Además, hace tiempo que las cancillerías de Brasil y Buenos Aires trabajan con la de Caracas en la creación de un muro de contención de los intereses norteamericanos en Cuba para el momento de la sucesión de Fidel Castro. De la mano de Chávez, Cuba está ahora ingresando a la alianza regional. Con la llegada al poder del cocalero Evo Morales en Bolivia, el nuevo eje iberoamericano busca nuevos populistas que accedan a la presidencia en otros países. El primer objetivo del eje era la victoria de López Obrador en México.
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