¿Quién tiene energía?

by ENRIQUE SERBETO

Por qué será que la Comisión Nacional de la Energía y el Gobierno se empeñan en hablar de la garantía del suministro cuando se refieren a las condiciones que han impuesto a la opa de la alemana E.ON, si en realidad en España, cuando llegan los picos de calor, vivimos a un tris del apagón. Si fuera tanta su preocupación, ya lo tendrían resuelto revocando el insensato «parón nuclear» y tendrían a todos los sevillanos con aire acondicionado y cumpliendo con los objetivos de Kyoto. En todo caso será al contrario, que para garantizar que todos los aparatos eléctricos funcionen, lo que se necesita son grandes inversiones y estructuras empresariales poderosas. Y si alguien ha pensado que la empresa alemana se quiere quedar con Endesa para «chuparnos» la energía a los españoles, van dados porque aquí no hay más que cuatro hidroeléctricas, el pírrico recurso del viento y lo demás o es contaminante o en realidad viene de importaciones de países terceros, o ambas cosas a la vez. Lo que se dice energía, en España no tenemos casi nada.

Otra cosa son los franceses que gracias a la visión del general De Gaulle (qué manera más práctica de ser antinorteamericano) el único problema que no tienen es el de la energía. Progres como nadie, inventores de la «gauche divine» y alimentadores de unos sindicatos que podríamos considerar aun «tardotrostkistas», pero al menos saben que cuando le dan al interruptor, lo que hayan enchufado funciona y funcionará por mucho tiempo. La energía nuclear es para Francia como el queso camembert.

A cambio, en España tenemos mucho sol, es cierto, pero con el dinero que nos dan los turistas le tenemos que pagar la energía a los que si la tienen, casi siempre a los saudíes y a los argelinos. ¿A los franceses? Pues también. Si fuera el caso, no tendríamos más remedio que comprar unos kilovatios a nuestros vecinos del norte ¡qué gran cosa es tener una fuente de energía propia! Los más voluntariosos responderán que a parte de los turistas, también existe la energía solar, pero todavía falta mucho para que sea rentable y aún así deberíamos estar dispuestos a vivir renunciando a una parte de lo que ahora derrochamos.

En toda esta discusión nos falta ambición y visión de futuro. Los «campeones nacionales» que dice defender el Gobierno sólo son útiles para las gigantescas inversiones de futuro, para mejorar y hacer seguras grandes tecnologías como la nuclear o las utopías del hidrógeno que esperamos que vendrán a sustituirlas tal vez a mediados de este siglo. Si no se tienen ambiciones a la escala de las ingentes necesidades del porvenir, esos «campeones» sólo sirven para sumar clientes distribuyendo la energía que otros producen. Y para eso ya se bastaba Endesa sola.

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