by Terry Karl
África sub-sahariana está en la niebla de un boom petrolero. Las compañías extranjeras de energía están invirtiendo billones de dólares en la región para la exploración y producción de petróleo, y los gobiernos africanos están recibiendo a cambio billones de dólares.
Rápidamente, África se está convirtiendo en un distribuidor clave de petróleo para los Estados Unidos, que actualmente importa el 17 por ciento de su petróleo del África Sub-sahariana. En una década, casi un cuarto vendrá de esta región. Más de 50 billones de dólares –la inversión más grande en la historia de África- será gastada en campos petroleros en este continente, durante los próximos 7 años.
Muchos extranjeros se beneficiarán enormemente del boom petrolero, las compañías tendrán grandes ganancias y los gobernantes y consumidores del norte tendrán garantizados nuevos suministros. Pero estos beneficios no podrán obtenerse a expensas de millones de africanos.
¿Oportunidad o Peligro?
El nuevo boom africano del petróleo representa un momento de grandes oportunidades y peligros para los países con pobreza a gran escala, pues las ganancias disponibles para la reducción de la pobreza son enormes. El Comité Andino de Servicios (Catholic Relief Services) estima con cifras conservadoras que los gobiernos sub-saharianos recibirán aproximadamente $200 billones de dólares en ganancias derivadas del petróleo durante la próxima década, permitiéndoles mejorar ostensiblemente la calidad de vida a través de la inversión en salud, educación y otras necesidades vitales.
Sin embargo, las fallas dramáticas del desarrollo que ha caracterizado a la mayoría de los países dependientes del petróleo alrededor del mundo, evidencian que los petrodólares no han ayudado a países en vías de desarrollo a reducir la pobreza, y contrariamente en muchos casos han ayudado a exacerbarla. Sin una mejora en las instituciones democráticas y capacidad administrativa, es poco probable que los exportadores de petróleo africanos sean capaces de utilizar los petrodólares para impulsar la reducción de la pobreza.
La necesidad de transparencia
El primer paso hacía estos objetivos es construir transparencia. El petróleo es un recurso natural propiedad de todos los africanos, pero al contrario, muchos aspectos de la industria del petróleo en África son privados o rodeados de misterio; y los asuntos clave sobre el petróleo frecuentemente son tratados como secretos de Estado. Si bien es difícil, no imposible, rastrear cuánto dinero se genera o cómo se gastan las ganancias, la transparencia dependerá de la publicación que las compañías petroleras multinacionales hagan de sus pagos y la revelación por parte de los gobiernos de cuánto gastan.
La responsabilidad en el cambio
La responsabilidad principal para administrar la riqueza derivada del petróleo en una forma transparente, justa y de rendición de cuentas recae en los gobiernos africanos. Los gobiernos africanos, sin embargo, son sólo una parte de una red de intereses y relaciones en el boom petrolero africano. Otros actores clave en la determinación de los resultados de este boom son las compañías petroleras extranjeras, instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, las agencias de crédito, así como el gobierno norteamericano y otros gobiernos del norte.
La necesidad de un “gran empujón”
Con el objetivo de mejorar los resultados para los pobres, todos los actores anteriormente mencionados deben dar un gran empujón dirigido al cambio de algunas de sus prácticas, como de describe en las recomendaciones del informe, para trabajar en una forma más concertada. A menos que esto suceda, el boom petrolero de África es poco probable que ayude a una reducción significativa de la pobreza. Por el contrario, la riqueza derivada del petróleo probablemente continuará produciendo corrupción y mal manejo administrativo, destrucción al entorno, violación de derechos humanos y conflicto.
África sub-sahariana está en la niebla de un boom petrolero. Las compañías extranjeras de energía están invirtiendo billones de dólares en la región para la exploración y producción de petróleo, y los gobiernos africanos están recibiendo a cambio billones de dólares.
Rápidamente, África se está convirtiendo en un distribuidor clave de petróleo para los Estados Unidos, que actualmente importa el 17 por ciento de su petróleo del África Sub-sahariana. En una década, casi un cuarto vendrá de esta región. Más de 50 billones de dólares –la inversión más grande en la historia de África- será gastada en campos petroleros en este continente, durante los próximos 7 años.
Muchos extranjeros se beneficiarán enormemente del boom petrolero, las compañías tendrán grandes ganancias y los gobernantes y consumidores del norte tendrán garantizados nuevos suministros. Pero estos beneficios no podrán obtenerse a expensas de millones de africanos.
¿Oportunidad o Peligro?
El nuevo boom africano del petróleo representa un momento de grandes oportunidades y peligros para los países con pobreza a gran escala, pues las ganancias disponibles para la reducción de la pobreza son enormes. El Comité Andino de Servicios (Catholic Relief Services) estima con cifras conservadoras que los gobiernos sub-saharianos recibirán aproximadamente $200 billones de dólares en ganancias derivadas del petróleo durante la próxima década, permitiéndoles mejorar ostensiblemente la calidad de vida a través de la inversión en salud, educación y otras necesidades vitales.
Sin embargo, las fallas dramáticas del desarrollo que ha caracterizado a la mayoría de los países dependientes del petróleo alrededor del mundo, evidencian que los petrodólares no han ayudado a países en vías de desarrollo a reducir la pobreza, y contrariamente en muchos casos han ayudado a exacerbarla. Sin una mejora en las instituciones democráticas y capacidad administrativa, es poco probable que los exportadores de petróleo africanos sean capaces de utilizar los petrodólares para impulsar la reducción de la pobreza.
La necesidad de transparencia
El primer paso hacía estos objetivos es construir transparencia. El petróleo es un recurso natural propiedad de todos los africanos, pero al contrario, muchos aspectos de la industria del petróleo en África son privados o rodeados de misterio; y los asuntos clave sobre el petróleo frecuentemente son tratados como secretos de Estado. Si bien es difícil, no imposible, rastrear cuánto dinero se genera o cómo se gastan las ganancias, la transparencia dependerá de la publicación que las compañías petroleras multinacionales hagan de sus pagos y la revelación por parte de los gobiernos de cuánto gastan.
La responsabilidad en el cambio
La responsabilidad principal para administrar la riqueza derivada del petróleo en una forma transparente, justa y de rendición de cuentas recae en los gobiernos africanos. Los gobiernos africanos, sin embargo, son sólo una parte de una red de intereses y relaciones en el boom petrolero africano. Otros actores clave en la determinación de los resultados de este boom son las compañías petroleras extranjeras, instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, las agencias de crédito, así como el gobierno norteamericano y otros gobiernos del norte.
La necesidad de un “gran empujón”
Con el objetivo de mejorar los resultados para los pobres, todos los actores anteriormente mencionados deben dar un gran empujón dirigido al cambio de algunas de sus prácticas, como de describe en las recomendaciones del informe, para trabajar en una forma más concertada. A menos que esto suceda, el boom petrolero de África es poco probable que ayude a una reducción significativa de la pobreza. Por el contrario, la riqueza derivada del petróleo probablemente continuará produciendo corrupción y mal manejo administrativo, destrucción al entorno, violación de derechos humanos y conflicto.
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