Batalla por menor consumo de petróleo extranjero

by Robert Samuelson (PRENSA GRAFICA)
Nuestra necesidad primordial es reducir la dependencia del petróleo extranjero. La forma más obvia de hacerlo es mejorar la eficiencia de los vehículos en un 30% y 50% en las décadas siguientes. Los norteamericanos necesitan tener más híbridos y más vehículos pequeños.


El presidente Bush se unió al entusiasmo de los bio-combustibles en su discurso sobre el Estado de la Unión, y nadie puede dudar del poderoso atractivo de la cuestión. Agricultores, científicos y capitalistas nos liberarán del inseguro petróleo extranjero convirtiendo maíz, pastos de las praderas y muchos otros productos en sustitutos de la gasolina. Los bio-combustibles reducirán, además, los gases de invernadero. La producción de etanol del maíz ya ha aumentado de 1,600 millones de galones en 2000, a 5,000 millones de galones en 2006. Bush estableció una meta intermedia de 35,000 millones de galones para 2017, en camino a la meta final del gobierno de 60,000 millones en 2030. Suena magnífico, pero, cautela. Podría ser un espejismo.

El gran peligro del frenesí de los bio-combustibles es que nos desviará de la adopción de medidas más enérgicas para limitar la dependencia del petróleo extranjero: impuestos al combustible más elevados, para incitar a los norteamericanos a comprar más vehículos eficientes en su uso de gasolina; y estándares de economía de combustible más severos para obligar a las empresas automotrices a producirlos. Es cierto, Bush apoya estándares de economía de combustible más severos, pero no los especifica. Pero el aumento implicado por encima de las actuales 27.5 millas por galón para automóviles es modesto, porque el gobierno espera que los ahorros de gasolina, que resulten como consecuencia del uso de bio-combustibles, sean el triple de aquellos provenientes de estándares más elevados de economía de combustible.

El aspecto político es bastante simple. A los norteamericanos no les agradan los precios altos de la gasolina; a las empresas automotrices no les agradan los estándares más severos de economía de combustible. En cambio, todo el mundo parece contento con los bio-combustibles: agricultores, consumidores, capitalistas. Lamentablemente, esta visión tan atractiva ha sido muy exagerada.

En 2006, los norteamericanos usaron alrededor de 7,500 millones de barriles de petróleo. Para 2030, esa cifra podría elevarse en un 30% a 9,800 millones de barriles, según la Administración de Información Energética. Gran parte de ese aumento sería un reflejo de una mayor demanda de gasolina. En 2030, habrá más habitantes (se estima 365 millones frente a 300 millones en 2006) y más vehículos (316 millones frente a 225 millones).

Supongamos que alcancemos la meta final del gobierno de 60,000 millones de galones en 2030. Esa cifra contrarrestaría menos de la mitad del aumento proyectado para el uso anual de petróleo. He aquí la causa. En primer lugar, es necesario convertir los 60,000 millones de galones en barriles. Puesto que hay 42 galones por barril, eso significa que hay que dividir por 42. Además el etanol cuenta solo con alrededor de dos tercios del valor energético de un volumen de gasolina comparable.

Cuando cantamos loas a los bio-combustibles, hablamos principalmente del viejo alcohol (también conocido como etanol). Hasta el momento, la mayoría del etanol se obtiene del maíz. Si no se le agregaran pequeñas cantidades de gasolina, que es tóxica, podría convertirse en whiskey de maíz. El etanol recibe grandes subsidios federales. Las refinerías de petróleo que lo mezclan con gasolina reciben un crédito fiscal de 51 centavos de dólar por galón. A causa de ese subsidio compran más etanol, lo que aumenta la demanda de maíz.

Naturalmente, los agricultores de maíz están encantados con ese arreglo. Aunque el etanol desplaza solo cantidades mínimas de petróleo (un poco más de un 1%) ha tenido un efecto grande en los precios del maíz. Están ahora a alrededor de 3 dólares por fanega, mientras que hace un año eran de 2 dólares por fanega. Ha sido el precio más alto en una década. Los precios más elevados del maíz (con el que se alimenta a aves, cerdos y ganado) causan el alza de los precios minoristas de la carne. Irónicamente, los subsidios de combustible podrían aumentar el costo de los alimentos.

Pero las cosechas de maíz no serán suficientemente grandes como para satisfacer los 35,000 o 60,000 millones de galones establecidos como meta. Se necesitarán también grandes cantidades de etanol “celulósico” —el término se refiere a la celulosa de otras plantas, que puede convertirse en etanol—. Los principales candidatos son los desechos agrícolas, entre los que figuran la paja del trigo y los tallos de maíz. Lamentablemente, el proceso químico de esta operación es mucho más costoso que para los granos de maíz. Sin avances tecnológicos, el etanol celulósico no será económicamente viable. Podría mantenérselo solo con subsidios federales masivos o requisitos directos que obligaran a las refinerías a usar ese combustible, independientemente del costo.

Sin duda, vale la pena perseguir el desarrollo de los bio-combustibles. Hasta cierto punto, hasta vale la pena subsidiarlos. El gobierno puede fomentar nuevas tecnologías y los nuevos inventos para el etanol celulósico —que no son en absoluto inconcebibles— marcarían una diferencia importante en el equilibrio de combustibles de Estados Unidos. Pero existe también el peligro de que el encaprichamiento con los bio-combustibles sea conveniente políticamente y se convierta en un clásico despilfarro del gobierno, que beneficie a grupos selectos y provea pocos beneficios a la población. Eso ya ha sucedido con el maíz. Nuestra necesidad primordial es reducir la dependencia del petróleo extranjero. La forma más obvia de hacerlo es mejorar la eficiencia de los vehículos en un 30% y 50% en el curso de las décadas siguientes. Los norteamericanos necesitan tener más híbridos y más vehículos pequeños. Los bio-combustibles podrían ser un complemento, pero si nos ciegan para ver esta realidad más amplia, supondrán un paso hacia atrás.

PRENSA GRAFICA

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