Las declaraciones del secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Alberto Navarro, acerca de lo difícil que tiene España responder a la dura carta remitida por la Comisión Europea al Ejecutivo de Zapatero, pidiendo explicaciones sobre los poderes concedidos por el Consejo de Ministros a la Comisión Nacional de la Energía para poder vetar la OPA de E.On sobre Endesa, pone de relieve el temor que empieza a suscitar a Zapatero y los suyos la reacción de la Unión Europea ante la arbitrariedad y parcialidad que viene manifestando el Gobierno.
El Ejecutivo se creía que todo el campo era orégano y que podían campar a sus anchas por el sector energético, haciendo y deshaciendo a su gusto, sin que nadie les dijera nada. Pero la entrada en liza de una compañía alemana en el intento de asalto de Gas Natural a Endesa, promovido y respaldado desde Moncloa, ha trastocado muchas cosas. Y ahora el Gobierno puede encontrarse con que Endesa termina en manos extranjeras por su culpa, o con serios problemas con la UE si interfiere en la operación. Y Zapatero no puede crearse más problemas con Europa, sobre todo con Alemania, cuando todavía hay tanto y tan importante en juego, como los fondos europeos, que hay que volver a negociarlos después del rechazo del Parlamento Europeo a la propuesta surgida de la Cumbre de Bruselas.
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